Por Milton Mejía, Profesor Presbiteriano de Teología y Coordinador del Observatorio Iglesia y Sociedad en la Universidad Reformada en Colombia.
Durante su estadía en Colombia ambos líderes políticos expresaron su compromiso de impulsar este acuerdo comercial, firmado a finales de 2006 entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, el cual ya fue aprobado por el Congreso colombiano, pero no por su par en Washington, por preocupaciones de los demócratas sobre los derechos humanos en el país andino.
Ente esta posibilidad que los republicanos y los demócratas se pongan de acuerdo para aprobar el TLC con Colombia personas de organizaciones sociales e iglesias piensan que hemos perdido el trabajo de muchos años y se preguntan ¿qué hacer para seguir mostrando nuestro desacuerdo con tratados de libres comercio como este? Para responde a esta pregunta y no sentirnos desanimados debemos tener claro que como cristianos no nos oponemos a este tratado comercial por motivos políticos. Nuestra oposición es por razones de fe y éticas. Las razones por las cuales creemos que estos tratados de comercio no corresponden con la fe y la ética cristiana las menciona la Confesión de Fe de las Iglesias Reformadas que se reunieron en Accra, Ghana en 2004.
En esta confesión se afirma del modelo económico que promueve este tipo de tratado de comercio lo siguiente: “Los signos de los tiempos se han vuelto más alarmantes y hemos de interpretarlos. Las causas subyacentes de los tremendos peligros para la vida son, sobre todo, producto de un sistema económico injusto defendido y protegido mediante la fuerza política y militar.” Según la Confesión de Accra, este sistema económico injusto en su afán por aumentar las ganancias de los más ricos incrementa la pobreza, produce la muertes de millones de seres humanos y hoy es evidentes la forma como está destruyendo la creación de Dios.
La Confesión de Accra afirma que esto sucede en razón que en el neoliberalismo, la economía tiene la finalidad de aumentar las ganancias y el rendimiento para beneficiar a los propietarios de la producción y del capital financiero mientras se excluye a la mayoría de las personas y se trata a la naturaleza como una mercancía. La relación entre economía y nuestra fe en la confesión se establece de la siguiente manera: “Observamos una drástica convergencia de la crisis económica con la integración de la globalización económica y la geopolítica respaldadas por la ideología neoliberal. Se trata de un sistema mundial que defiende y protege los intereses de los poderosos. Nos afecta y atrapa a todos. Desde la óptica bíblica se entiende que tal sistema de acumulación de riquezas a costa de los pobres no es fiel a Dios y ocasiona sufrimientos evitables a las personas. Se denomina Mamón. Jesús nos dijo que no es posible servir a Dios y a Mamón (Lc 16:13).”
De esta manera la Confesión de Accra nos anima a fortalecer la formación en las iglesias y en toda la sociedad sobre el peligro de una economía que promueve este tipo de tratados comerciales que no protegen la vida de los seres humanos ni a la creación y pretenden tomar el lugar de Dios. Junto con esto como cristianos necesitamos seguir apoyando a las comunidades que se organizan para desarrollar una producción e intercambio comercial que tengan como centro la justicia y el cuidado de la vida humana y de toda la naturaleza. Creemos que así el anuncio del evangelio como vida abundante tendrá mayor acogida entre los millones de seres humanos que han sido empobrecidos y sufren la violencia del sistema económico que se impone en nuestro mundo.