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Evocando la memoria de Konrad Adenauer

Evocando la memoria de Konrad AdenauerWednesday 13 July 2011 16:00 Para comenzar, debo decir que Konrad Adenauer es una figura apasionante de estudiar, tanto por la riqueza espiritual que revela su vida como hombre de fe, de esperanza y de ideas claras, como por su visión de estadista que logró concretar una obra integralmente extraordinaria, llevada a cabo en circunstancias especialmente adversas. Es útil advertir, por tanto, que tratándose de un hombre cuya dilatada existencia y protagonismo político puede servir de hito para marcar un “antes” y un “después” en la historia contemporánea de Alemania y de Europa, abordarlo en profundidad excede con holgura esta presentación, obligadamente constreñida por límites de tiempo y densidad.


Por Róger Miranda Gómez

Estoy seguro que sobran razones para afirmar que la impactante pedagogía viva que deriva de su quehacer ejemplar como estadista, como líder de partido político, como intelectual, como jefe de familia, todo ello expresión del comportamiento de una persona esencialmente moral, constituye un legado susceptible de abordarse como materia de investigación y estudio para una cátedra internacional que lleve su nombre.

Y digo internacional, porque la influencia del legado de Konrad Adenauer como estadista genial se proyecta con singular vigor, al igual que el de sus compatriotas Einstein, en el campo de las ciencias, y Bethoven en la música, más allá de las fronteras en que nació y vivió. En efecto, habiendo nacido en Alemania, el peso de su paso por esta vida terrenal trasciende los límites de su país y del propio continente europeo, para pertenecer, como ya pertenece, a toda la humanidad.

Pero ¿Quién era Konrad Adenauer? ¿Cómo llegó a ser la personalidad descollante, en lo interno e internacional, cuya memoria evocamos hoy? ¿Cuáles fueron los escenarios en que le tocó desenvolverse? ¿Quiénes fueron sus contemporáneos, sus amigos, sus adversarios? ¿Por qué ideas luchó, cuales fueron sus metas de corto, mediano y largo plazo? ¿Qué logró, que no logró, y por qué?

Responder estas preguntas, y otras que se nos quedan en el tintero, es lo que me he sacado de encargo por haberle contado al buen amigo Georg Schimd responsable en Nicaragua de la Fundación que lleva su nombre, que yo tuve el privilegio de conocer personalmente a Konrad Adenauer, “der alte”, “el viejo”, como lo llamaban sus compatriotas, en tono de reverente respeto. Pero sobre esto me referiré al final, cuando relate la anécdota sobre la circunstancia en que me tocó encontrarme con él, en un episodio ya casi al final de su vida y que, para mí, lo convirtió en uno de mis personajes inolvidables.

Por de pronto, sin embargo, acometeré el esfuerzo de síntesis que implica esta presentación teniendo en mente, a la vez, una de las constantes advertencias que hacía Adenauer respecto al deber de todo político: no ceder a la tentación de exagerar.

Quien era, pues, Adenauer? “Ordinariamente, cuando se habla o se piensa de un hombre que ha sobrepasado los setenta años de edad, se da por sentado que se trata de un jubilado, de un apacible anciano, o de un consentidor abuelo. Es la época en que, para la mayoría de los casos, termina la militancia activa por la vida y, si se trata de un político, la ocasión propicia para escribir sus memorias. Esto, repetimos, se piensa cuando se trata de hombres ordinarios”.

Porque, cuando se evoca la memoria de Konrad Adenauer, sencillamente quedan rotos todos los moldes: a los setenta y tres años, víctima sobreviviente de las cárceles nazis por su oposición al totalitarismo hitleriano; ante el panorama de un país destruido, cuyos contornos frustrantes señalaron el camino del suicidio a muchos; y enfrentado al trago amargo de la ocupación extranjera, este hombre extraordinario no salió a pegarse un tiro, ni a esperar resignado el fin de sus días.

Todo lo contrario, encarnando en sí mismo al ave Fénix que simboliza con singular acierto el renacimiento de la nación alemana, se propuso sentar las bases para reconstruir integralmente a su país de las cenizas, y lo logró. Pero, cómo pudo hacerlo?

Examinar el cómo y constatar el corto tiempo en que pudo hacerlo conlleva, simultáneamente, comprender porqué logró colocarse como la figura estelar de post guerra de su país, y entre los próceres de la nueva Europa comunitaria que hoy se erige como paradigma de las grandes empresas de integración subregional y continental de nuestro planeta.

 

<< LAS FUERZAS IMPULSORAS >>

Algunos de sus biógrafos han hecho recuento de lo que uno de ellos, Horst Osterheld  denomina << las fuerzas impulsoras >> que permitieron a Konrad Adenauer, arrostrar tantas adversidades y luchas para, finalmente, salirse con la suya. Entre las cinco que le detecta este autor destaca lo que él llama una “ambición objetiva”, a la par de su amor por la patria y su “espíritu de responsabilidad”. En verdad, desde mi perspectiva personifica al hombre estoico, según la concepción y praxis de la antigua Roma republicana, cuyo portaestandarte más sobresaliente fue Cicerón, que padeció los embates de las pasiones políticas y del poder tiránico de su tiempo. Jurisconsulto estudioso y estadista como aquél, Adenauer –gracias a Dios- logró sobrevivir a la barbarie desatada por el nazismo para heredarnos el paradigma del republicanismo moderno que, de todas formas, refleja el ideal por el que luchó, sostuvo y trasmitió en sus obras Cicerón, el viejo tribuno de la plebe y Cónsul, cuyo pensamiento y fama sobrevivió a su asesinato por ordenes de Marco Antonio, tras la muerte de Cesar, hace más de dos mil años.

 

CONTEMPORÁNEO DE DARÍO

Nació Konrad Adenauer en Colonia el 5 de Enero de 1876, es decir, en el mismo mes pero 9 años después de Rubén Darío en Nicaragua; siendo el tercero de cuatro hijos. Su educación fue severa y el estilo de vida muy sencillo, según lo recordaba él mismo. Pero se recompensaba por la cordialidad y el calor humano que mantenían a la familia unida. A lo largo de su dilatada existencia, la naturaleza y el arte, junto con la familia, fueron para él las fuentes más constantes de alegría. La profundidad de este sentimiento se pone de manifiesto cuando en 1933 bajo el peso del sufrimiento dijo “Quisiera contar sin muchas palabras mi estado de ánimo y conformarme con decir esto: Si no fuera por mi familia y mis fundamentos religiosos, desde hace tiempo hasta podría haber puesto fin a mi vida, pues sin ellos no valdría la pena vivir”.

Fue un buen estudiante, sin ser alumno modelo. Serio, a veces tímido, no se asocia en grupos fácilmente, según reseñan sus biógrafos. Pero fueron sus padres quienes le inculcaron “los principios que imperaron en su vida: aplicación, religiosidad, espíritu de ahorro y, ante todo, cumplimiento del deber”.

 

AUTODISCIPLINA FERREA

Esto se tradujo en su condición de hombre de autodisciplina férrea, resumida en aquella frase que su padre le solía repetir: “aun cuando suenen cañones junto a ti, has de seguir tu trabajo”, lo cual se hizo en él parte integral de su naturaleza. “Era madrugador y comedido en el comer y beber. Daba gran importancia al orden y procuraba introducirlo en su mundo circundante. Dedicó a cada tarea una atención indivisa, diariamente cien cosas distintas pero una detrás de otra”.

Siendo joven profesional sufrió una crisis religiosa, lo cual superó con la ayuda de los libros del filósofo Hilty; << Obra con rectitud >>, aconseja éste << y podrás creer de nuevo >> El mejor camino no es el estudio de la doctrina ortodoxa, sino el cristianismo práctico: obrar con espíritu cristiano. En esa máxima, adecuada a su carácter, se mantuvo Adenauer a lo largo de su vida.

Con estos antecedentes se explica la claridad con que delimitaría posteriormente su accionar de laico en el terreno de la política, como líder de la Democracia Cristiana de su país; “Yo no digo, manifiesto al respecto, que somos una especie de asociación misionera cristiana, ¡no lo pienso así! Pero considero necesario que la política se oriente por los valores espirituales de la cosmovisión humanista-cristiana”.

A estas condiciones morales, expresión de los valores cristianos inculcados junto con el ejemplo del entorno familiar en que se formó, Adenauer siempre hizo honor también a su fama de haber gozado de una salud y resistencia física y mental que llamó la atención de sus contemporáneos. Quizás tuvo mucho que ver con ello el hábito de las caminatas que practicó desde sus años mozos, y reflejada en la anécdota de cuando emprendió una excursión con doce compañeros de la facultad de Derecho de la Universidad de Friburgo. Salieron un sábado por la tarde hacia la Selva Negra “con la intención de escalar el monte Feldberg y después de hacer estación en una posada y dormir dos horas, continuar la marcha en la tarde del domingo de vuelta a Friburgo. Sólo tres estudiantes resistieron la tremenda andanza de 85 kilómetros…, y sólo uno apreció el lunes por la mañana en la clase: Adenauer”. (…) Durante sus vacaciones viajó por Suiza, Italia y Bohemia, en excursiones generalmente a pie. Esto explica entonces por qué hasta una edad avanzadísima pudo manejar enteramente sus fuerzas a la medida de su deseo, retenerlas, apiñarlas o ejercitarlas hasta el máximo “(..) ”Esa mezcla de pujante energía por un lado, y autodominio por el otro ha sido –sin duda- la causa esencial de su rendimiento fenomenal”.

Y si a ello le agregamos el sentido del humor que siempre le acompañó, el asunto se convierte en fórmula mágica. Efectivamente, fue él mismo quien desarrolló la teoría de que << Para tener éxito en política, se ha de resistir sentado más tiempo que los otros >> lo cual comprobó en innumerables ocasiones por propia experiencia. De esto da cuenta Mc Cloy, el alto comisionado norteamericano de ocupación, al recordar que algunas de aquellas sesiones en el castillo Petersberg –donde abogaba Adenauer por su país ante las fuerzas ocupantes- <<duraban hasta bien entrada la noche, a veces hasta que volvía aparecer el sol sobre el Rhin… Adenauer se mantenía completamente despierto, mientras que nosotros nos sentíamos ya cansados”. Y pensar que estos ocupantes estaban entrenados militarmente para las fatigas y representaban la fuerza victoriosa de la contienda!

“Su aparición en la sala donde estaban éstos reunidos con sus respectivos estados mayores fue un espectáculo que merecía la pena presenciar”, apunta este autor, para agregar que “Los alemanes no habrían podido jamás estar más magistralmente representados. Su melancolía impresionaba tanto como su vitalidad. Frecuentemente, al terminar de hablar había conseguido ya lo que quería. Sus dones de persuasión estaban acompañados de una suprema habilidad. El hombre de estado podía además apoyarse en un político que no ignoraba ninguno de los secretos de la profesión”.

Sin embargo para Adenauer esto era apenas una parte de la faena que le tocó por aquellos días. Paralelamente debió lidiar con “cientos de leyes y decretos para impulsar la economía, la construcción de un orden interior, de la justicia y de una administración diligente; la cogestión, la compensación de cargas, la indemnización hacia el interior y exterior.

Muchas conversaciones de Adenauer con periodistas selectos revelan el brillante conocimiento político que poseía. Por ejemplo, previó detalladamente cómo el desarrollo económico terminaría por iniciar la caída del régimen comunista en Europa del Este.

Aguantó la presión soviética y consiguió un entrelazamiento cada vez más estrecho con Occidente, mediante el Tratado del Carbón y Acero, el rearme, la Comunidad Europea de Defensa y el Tratado de Alemania; siendo de añadir que en aquel tiempo no solo fue canciller, sino también hasta 1955 simultáneamente ministro de Relaciones Exteriores y ministro de Defensa (en funciones) asumiendo de hecho el <<70 por ciento de funciones de su gabinete>> . “Fue esta, según lo consignan sus biógrafos, la mejor época de Adenauer, con óptima conjugación de sus facultades. Para él, como nos lo recuerda Osterfeld, la jornada semanal era de 84 horas y no de 48. Pero su intensidad de trabajo fue todavía más notable que la larga duración del mismo. Sería difícil citar alguna otra persona que a lo largo de catorce años haya trabajado tan ininterrumpida y despiadadamente como él”. (…) “Pero pudo hacerlo porque poseyó una rara capacidad de regeneración y una salud inquebrantable”, agrega este mismo autor, quien nos recuerda que: “Hasta sus últimos días leía sin gafas, oía bien y sus manos no temblaron. Subía ágilmente los 58 escalones de su casa de Rhondorf. No se le trató con inyección alguna de rejuvenecimiento, pues tal como dicen los médicos tenía <<un corazón como de un caballo y el sistema arterial de un hombre joven>>. Sólo así se explica su gran resistencia probada en campañas electorales, reuniones en serie ininterrumpida y en las acometidas de agotadora actividad durante varias semanas, e incluso a lo largo de meses”.

Semejante fortaleza asombró a todos sus visitantes, a la opinión pública mundial, e incluso una y otra vez a sus propios colaboradores, a pesar de estar familiarizados con ella. Apenas si existe paralelo alguno que ofrezca semejante conjunción de gran talento político, experiencia y sabiduría, y enorme resistencia física”.

Perteneciente a la trilogía de estadistas visionarios que junto con Schumann y de Gásperi, han hecho posible la reatopía europea, (esto es, una utopía en proceso de realización objetiva), este formidable ser humano demostró estar a la altura de la misión que la Providencia puso en sus manos, en esos días de tan dura prueba para su pueblo.

Y es que la magnitud de la obra que necesitaba Alemania, después de la pesadilla nazi, sólo era posible de ser acometida mediante un formidable impulso integral, esto es, con prevalencia de lo moral, y ese impulso lo encarnó con creces Adenauer. No es extraño, pues, que muchos tengamos hoy a este entrañable anciano como uno de nuestros personajes inolvidables.

 

VIDA POLÍTICA

Vale la pena, pues, resaltar –aunque sea sucintamente- los hitos más relevantes de su vida política. Con este propósito hemos consultado Wikipedia, la enciclopedia libre, de la cual se extraen los siguientes datos:

Tras haber cursado los estudios de Derecho en la Universidad de Friburgo, ingresó en las filas del Partido de Centro (Zentrum), desarrollando una intensa actividad política que le llevó a ejercer ininterrumpidamente la Alcaldía de Colonia desde 1911 hasta la subida al poder de Hitler. A principios de la década de 1920, coqueteó con la creación de un estado renano dentro de Alemania pero separado de Prusia. De 1922 a 1933 fue canciller del Consejo de Estado prusiano.

Marginado de toda actuación pública por el nazismo y encarcelado varias veces, intervino en la preparación del golpe de Estado del 20 de julio de 1944, con el fin de derrocar el régimen hitleriano. Encarcelado por éste en los últimos meses de la guerra, fue al fin liberado y repuesto en la alcaldía de Colonia por los estadounidenses. Incluida poco más tarde esta ciudad en la zona de ocupación inglesa, las autoridades británicas mostraron pronto hacia su alcalde mayor una actitud de recelo y suspicacia, que desembocaría por último en la destitución de éste por supuesta incompetencia. A pesar de la terminante prohibición del mando militar inglés de dedicarse a tareas políticas, Adenauer concentró todos sus esfuerzos en que la recién creada CDU —concebida en la misma línea que el Zentrum, pero con una amplia remoción de sus esquemas doctrinales, para dar respuesta a las nuevas exigencias— alcanzase la madurez, con la esperanza de atraer a los protestantes, así como a los católicos en un solo partido. En 1946 Adenauer era elegido su jefe e igualmente de la rama bávara de la CDU, la Unión Social Cristiana (CSU), y dos años más tarde presidía el Consejo Parlamentario reunido en Bonn con el fin de trazar, según se había estipulado en los acuerdos de Londres de 1948, las líneas maestras de una futura constitución para toda la Alemania Occidental. El acuerdo de 1949 registraría el logro de una de las máximas aspiraciones de Adenauer: el reconocimiento de la soberanía de su pueblo —si bien no total y en régimen tutelado por los Aliados— y el triunfo de su partido en las elecciones generales.

Elegido en 1949 primer Canciller de la nueva Alemania por un solo voto de diferencia sobre su rival, Adenauer se alió con los liberales (FDP) para alcanzar la mayoría necesaria en el Bundestag, renunciando así a la unión con la Social Democracia (SPD), cuyo repudio constituiría uno de los principios cardinales de la política desplegada por el canciller durante su etapa de gobierno.

Adenauer fue Canciller de 1949 a 1963, un periodo que abarca la mayor parte de la etapa preliminar de la Guerra Fría. En este periodo, Alemania Occidental fue separada políticamente de la Alemania Oriental.

Adenauer inició la reconstrucción de la Alemania Occidental y ayudó a convertir la nación en una potencia económica. Aunque el sombrío horizonte a que estuvo abocado su país en los años inmediatamente posteriores a la guerra había desaparecido, en parte, las huellas de ésta eran aún muy profundas en la desgarrada Alemania cuando Adenauer comenzó a regirla. Impulsor máximo del denominado milagro alemán, el balance de sus primeros años de gestión no pudo ser —en lo referido a la reconstrucción material y al aumento del nivel de vida— más positivo. Los siguientes ejemplos lo testimonian elocuentemente: hacia 1953, el marco alemán era ya una de las monedas más cotizadas y fuertes del mundo; la flota mercante rebasaba la cifra de 1.500 unidades, al tiempo que la producción de acero se emparejaba con la británica. La Comunidad Europea del Carbón y del Acero podía ponerse en marcha sobre los rieles alemanes.

Pero aún más que en el plano nacional, la acción gobernante de Adenauer se reveló enormemente eficaz y provechosa en el plano de las relaciones internacionales. En este terreno, el conseguir un puesto al sol, tras romper un cerco de odios y recelos e integrarse en el club de los grandes, fue obra exclusiva de la capacidad maniobrera y del talento político de Adenauer. Situada a manera de acordeón entre los dos bloques que se disputaban la hegemonía al acabar la Segunda Guerra mundial, la elección de la Alemania de Bonn venía dada por sus tradiciones e historia:

“Teníamos que inclinarnos a un lado o a otro si no queríamos ser aplastados. Antes o después, uno de los dos grupos intentaría tener de su parte el potencial alemán... Sólo quedó una vía para salvar nuestra libertad política, nuestra libertad personal, nuestra seguridad, nuestra forma de vida, desarrollada desde hacía muchos siglos, y que tenía como base un concepto cristiano y humano del mundo: una firme conexión con los pueblos y países que tengan las mismas opiniones que nosotros sobre Estado, Persona, Libertad y Propiedad”

Así, Adenauer dirigió la reconciliación de Alemania con Francia y las otras potencias aliadas. Bajo el gobierno de Adenauer, a la Alemania Occidental le fue permitido rearmarse y unirse a la OTAN. Adenauer también entabló relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y el resto del bloque del Este. En 1955 logró asegurar la liberación de los últimos prisioneros de guerra alemanes. Sin embargo, la incorporación de la Alemania Federal a Occidente no fue obra de un día. Las potencias recelaban de la República de Bonn y temían al fantasma de una revitalización alemana. Sólo la persistencia de un criterio revanchista y la incomprensión de las realidades con que se enfrentaba la Alemania libre pudieron alimentar en algunos sectores de la Europa Occidental aquel temor. Adenauer —que a partir de 1951 se había hecho cargo de la cartera de Asuntos Exteriores de su gabinete— no dejó de reiterar, en todas las ocasiones y ante todas las Cancillerías, las grandes diferencias entre la situación interna y externa del régimen de Weimar y el de Bonn. La presión estadounidense, el retroceso del sentimiento nacionalista y la decidida colaboración de Truman hicieron que las esferas más recalcitrantes de la IV República francesa aceptaran finalmente la validez de la argumentación, propagada por la diplomacia estadounidense, de que la suerte de Alemania estaba ligada a Europa y la de ésta a aquélla. Pero no sin que antes la cuestión alemana hubiera quebrantado el edificio del parlamentarismo francés. Y como sucedió en la década de 1920, tras haber aflojado los lazos que unían a Francia con Inglaterra, los mismos factores de crecimiento de la idea europeísta, junto con las hábiles medidas de reconciliación llevadas a cabo por Adenauer con el apoyo de Churchill y de Eden, condujeron a una rápida compenetración de los conservadores británicos con los puntos de vista alemanes.

Con un haber tal a su favor, la reelección de Adenauer en 1953 fue indisputable. Al alcanzar su partido la mayoría parlamentaria, pudo formar un gobierno homogéneo sin buscar la alianza de ninguna otra fuerza política. El nuevo periodo había de encontrar sus puntos culminantes en la reincorporación de Alemania como nación soberana e independiente al escenario internacional (5 de mayo 1955) y en la puesta en marcha —merced en gran parte al poderoso motor alemán— de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, de la Comunidad Nuclear (Euratom) -embriones de la Comunidad Económica Europea (CEE)-, al tiempo que la situación material del país alcanzaba niveles semejantes a los más altos de Europa. Reelegido una vez más en 1957, no pudo conseguir la meta última de toda su actividad —la reunificación de Alemania—, pese a la incondicional ayuda ofrecida por EE.UU., si bien la obra de Adenauer pudo asentar sobre firmes bases la futura unidad europea mediante su entendimiento con la Francia de la V República. Hasta aquí los datos consignados por Wikipedia, la enciclopedia libre.

Por lo que a mi respecta, guardo entre mis mejores recuerdos no sólo haber tenido la oportunidad de estrechar su mano, sino también el privilegio de ser testigo de un hecho anecdótico que confirma varios rasgos de esa singular personalidad que he tratado de esbozar brevemente en esta semblanza. Sin embargo por tratarse de algo ocurrido hace mas de ocho lustros, hago propio lo dicho por García Marquez que en estos relatos las cosas no son exactamente como ocurrieron sino como uno las recuerda. Con el agregado de que habían intérpretes al aire libre de por medio.

 

EL PROFESOR DE 89 AÑOS

Se trata de lo que para un joven dirigente estudiantil universitario en aquel Septiembre de 1965 resultó ser una sorprendente lección magistral dictada por un famoso profesor de política práctica, con 89 años de edad sobre sus hombros.

El “aula” era una plaza en Wupertal atestada de trabajadores del carbón y del acero, ante quienes Konrad Adenauer, el mismísimo exponente del “milagro alemán”, presentaría esa noche un informe sobre el estado de la economía de su país. Con esa intervención, desde una tarima bien dotada y resguardada por los servicios de seguridad, culminaría la jornada que le condujo por varios pueblos pronunciando discursos en una campaña que, tras haber abandonado la jefatura del gobierno que ejerció por catorce años, su partido postulaba a Ludwig Erhard para el cargo de Canciller, y a él para su quinto escaño consecutivo como miembro del parlamento.

El grupo de socialcristianos latinoamericanos que seguíamos su caravana como parte práctica del curso sobre campaña electoral y propaganda política, en calidad de becarios, estábamos entusiasmados no sólo por la oportunidad que se nos brindaba de ser colocados muy cercanos a él -junto con la prensa nacional y extranjera- sino también porque al concluir ese mitin estaba programada una cena que nos ofrecía a las ocho de la noche en el hotel Kaiserhof. Tremendo honor! Mientras Adenauer subía al estrado para iniciar su discurso, los comentarios del grupo se habían centrado en lo increíble que resultaba a nuestros ojos que ese anciano de frágil aspecto fuera capaz de mostrarse tan campante a esa hora, después de tanto ajetreo que muchos de nosotros –más de sesenta años menores que él- de buena gana hubiésemos acordado decretar un receso antes de efectuar ese mitin. Varios incluso compartíamos un sentimiento reprimido de piedad filial, que nos impelía a protestar ante los organizadores, por estar extrayéndole el jugo de esa manera tan inmisericorde al pobre abuelo. Era una falta de caridad, de respeto y de consideración! Pero seguidamente cambiamos de opinión:

En tono dominante el orador inició su discurso exponiendo, con respaldo de cifras contundentes, las obras del gobierno demócratacristiano y graficando su éxito con ejemplos. Uno de ellos era de verdadero impacto noticioso y electoral: a veinte años de la derrota sufrida en la Segunda Guerra Mundial, Alemania acababa de otorgar un préstamo a Inglaterra, uno de los triunfantes países aliados cuyos soldados ocupaban una zona del territorio de su dividida nación, de acuerdo con el tratado de rendición vigente. Pero lo mejor vendría luego.

En determinado momento, mientras profundizaba sobre el tema económico, se hizo notar desde el fondo de la multitud un provocador infiltrado que gritó ¡”sieg heil”!, repetidas veces.

Entre sorprendido y molesto, yo mismo pensé en aquel momento –al igual que algunos de mis colegas del curso- que probablemente Adenauer no lo había escuchado dada su vejez, y que los ecos de su discurso reproducido por los magnavoces dominaban el ambiente. Pero inmediatamente comprobamos nuestra equivocación. El orador, en medio de la expectación producida, adoptó una pose graciosa que simulaba incredulidad y, poniendo una mano detrás de su oreja izquierda para dramatizar el gesto ante la audiencia, dijo en tono cargado de sarcasmo, “me pareció escuchar allá en el fondo el cacareo de una gallina”. Y la multitud estalló en aplausos y hurras, celebrando la genial ocurrencia que, sumada a la inmutable serenidad que proyectaba su erguida figura de estadista octogenario, puso en evidencia al avezado político, capaz de transformar rápidamente una situación adversa y potencialmente embarazosa, volcándola en su propio favor. Pero la jugada no se quedó sin su jaque mate: Todavía agregó otra ocurrencia jocosa que, según lo captado de lo que nos traducía la intérprete entre el bullicio y comentarios, en un mitin del partido Nazi la presencia de ese provocador hubiera durado allí menos tiempo de lo que un insecto lo haría en la pista de baile de un gallinero. Pero eso era el pasado, agregó, y había que dispensarlo, pues seguramente andaba bajo los efectos de alguna bebida espiritosa. Las desbordantes expresiones de aprobación vertidas por la entusiasta concurrencia, no dejaba duda respecto a quién tenía la batuta de la orquesta en la mano.

Efectivamente, el orador no sólo neutralizó la intención del intruso y retuvo el dominio sobre la multitud sino que, aprovechando el cambio de humor experimentado por su audiencia, hizo a un lado el tema económico e improvisó un discurso centrado en la diferencia que existe entre una sociedad gobernada por leyes, según los preceptos del Estado de Derecho, donde se respeta la libre expresión, aún llevada a situaciones extremas como quedaba demostrado allí mismo, de otra dominada por un estado totalitario donde no hay espacio para disentir ni, mucho menos, expresar libremente su inconformidad.

Luego, tras recordar sus días en las cárceles de la GESTAPO junto con su esposa, Adenauer remarcó el valor de la tolerancia como principio que caracteriza la vida en democracia y la necesidad que las nuevas generaciones de alemanes la cultivaran y resguardaran, para que nunca más se repitieran los errores del pasado que llevaron a un Hitler al poder. Toda una lección magistral, bajo una noche de otoño, bañada de estrellas que, ciertamente, resultó ser inolvidable.

De este episodio quedan todavía detalles en el tintero, como sus palabras durante la cena, referida a su pesar de no poder asistir al Comité Mundial de la Internacional Demócrata Cristiana (entonces denominada Unión Mundial) que debía reunirse en Lima, con una agenda centrada en la lucha por la democratización de América Latina, en esos tiempos plagada de dictaduras militares. Sin embargo nos encomendó trasmitir su mensaje: el aporte de los socialcristianos para la consecución de esa meta debía estar nutrida por la especificidad de nuestra concepción humanista cristiana, y expresada en los hechos por el testimonio de nuestro propio comportamiento democrático, en el esfuerzo común junto a las otras fuerzas políticas empeñadas en lograr esa meta.

Recuerdo igualmente que, si bien de lejos las consecuencias de un antiguo accidente automovilístico daban a su rostro una impresión de seriedad solemne, ya frente a él pude apreciar su sonrisa bondadosa y paternal. Asimismo, de no haberlo comprobado personalmente, tampoco hubiera podido creer entonces que un hombre con unas manos tan suaves como la seda, fuera el mismo que tuvo la fuerza para levantar de las ruinas a la nación alemana.

Por eso, reflexionando hoy a la distancia sobre el legado polifacético de la obra de Adenauer, creo que no es ocioso reiterar la importancia de estudiar e investigar sobre los alcances de la misma. Para mi gusto, visto este legado desde una perspectiva de pedagogía política viva, esto es, de enseñanza mediante el ejemplo, no dudo en afirmar que su magisterio de laico comprometido con el mundo de la política, es un referente integral, concreto, del más alto quilataje. Ese tipo de ejemplo viviente y palpable, es muy difícil de encontrar entre sus congéneres políticos de los siglos 19 y 20 que le conocieron.

Pienso que la caracterización de esa pedagogía se puede extraer del mensaje, inspirado en Maritain, del Papa Pablo VI con ocasión de la Semana Internacional de la Escuela, en 1972. “Cuando se trata de educar, de instruir, de formar, dijo el Pontífice, no basta inculcar el respeto de la persona humana, se requiere igualmente hacerlo en un clima de optimismo moral. Esto es, cabe agregar, un optimismo realista, esencialmente cristiano que, protagonizándose en la dura realidad terrenal, se nutre de la fe y la esperanza en Dios, nuestro Creador. Y si revisamos las ejecutorias de Konrad Adenauer a la luz de este concepto, bien podemos concluir, creo yo, que él no sólo llevó a cabo su obra colosal en ese clima, sino que tuvo que crear ese clima para poderla realizar. ¿Acaso no es en este contexto donde adquiere sentido hablar, con propiedad, del ahora legendario <milagro alemán> y de <economía social de mercado> -esto es, una economía al servicio del ser humano- que lo hizo posible?

 


CONSEJOS Y FRASES CELEBRES DE KONRAD ADENAUER

 

 

SOBRE EL TRABAJO

“Hay que trabajar bastante, comer poco y no fumar del todo”.

“El trabajo no es una carga, por el contrario da nuevas fuerzas”.

“El trabajo no cansa, sino refresca”.

“No soy partidario de las promesas. He sido siempre de la opinión que se trabaje, pues esto es una promesa, que si se puede cumplir”.

“Las mejor pastilla para dormir, es cansarse de trabajar”.

 

SOBRE LA VERDAD

“El político no puede decir siempre todo, pero lo que diga, debe ser verdad”.

“No existen las mentiras de emergencia, pues siempre estamos en emergencia, y tendríamos que vivir mintiendo”.

“Según mis experiencias, la honradez y la verdad son la base de la confianza, de la confianza mutua; y esta confianza mutua es a su vez la base para más fructíferas negociaciones”.

 

SOBRE LA POLITICA

“La política tiene que ser sencilla”

“Un buen polìtico debe saber mucho, trabajar fuerte y tener respeto por la opinión de los demás, aunque no la comparta”.

“En política no se trata de tener la razón, sino de mantenerla”.

“Hay que mantener una línea, hasta notar que ya no es correcta”.

“Primero que no te quieran, después te van a tomar en serio”.

“Al adversario, déjalo decir todo”.

“Palabras son palabras. Yo solo creo en los hechos”.

“Es muy fácil reconocer cuando se actúa mal en la política: Cuando tu adversario te comienza a alabar”.

“El que quiere ver al mismo tiempo hacia la izquierda y hacia la derecha, al final va a quedar bizco”.

“El optimismo tiene que estar siempre presente con el político. El que comienza pesimista, no puede llegar largo”.

“Si no puedes conseguir de inmediato la solución de un problema, tienes que tomar la segunda o la tercera solución posible”.

“Si yo quiero un pan con mantequilla y alguien me regala solo el pan, lo tomo y luego yo mismo busco la mantequilla”.

“Hay que negociar cuando se esta fuerte, porque se negocia mejor”.

“Se puede cazar más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”.

“Prefiero un contacto movedizo, a no tener ninguno”.

“Yo soy de la opinión: Vivir y dejar vivir. Pero en política la cosa es diferente. Ahí hay que luchar siempre y estar siempre dispuesto a luchar”.

 

SOBRE LA VALENTIA

“Este consejo doy yo a los políticos: Valor para mantener lo que es correcto, aunque se sepa de antemano que va encontrar fuerte resistencia”.

 

SOBRE LA INGENUIDAD

“Lo único que no hizo bien nuestro Dios, fue ponerle límites a todo, menos a la ingenuidad”.

“Hay ingenuidad no sólo por falta de inteligencia, sino también por ser demasiado inteligente”.

“Cuando los otros son muy hábiles, usted no debe ser muy ingenuo, y cuando los otros son muy ingenuos usted no debe ser muy hábil”.

“En el reino de los cielos hay más ingenuos que hábiles”.

 

SOBRE LA EXPERIENCIA

“Nosotros nos volvemos más hábiles en la medida que recogemos más experiencias. Son las semillas de las que crece la habilidad”.

“La experiencia, damas y caballeros, es la que da la posibilidad de hacer las cosas con éxito”.

“Dentro de las virtudes cristianas, encontramos en primer lugar la habilidad. Por eso hay que ser hábil sobre todas las cosas”.

“Nadie me puede impedir ser cada día más hábil”.

 

OTRAS FRASES

“En política hay que tener corazón ardiente, pero cabeza fria”.

“No se debe hablar mucho, pues si siempre hablas se te atiende poco”.

“La Historia pierde su sentido, cuando ya no se aprende de ella”.

“No hay que estar nunca contento con uno mismo, pues se adormece el espíritu”.

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