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ˇNo separemos la Fe de la Política!

4 - COLUMNA MARZO 2011Wednesday 07 September 2011 16:00 En la actualidad, en la Asamblea Legislativa y en los medios de comunicación, se está desarrollando un gran debate nacional sobre la factibilidad de convertir a Costa Rica en un Estado laico, es decir un Estado que no tiene religión oficial. Este tema despierta muchas pasiones y resentimientos históricos. En este debate, hace falta aportar la perspectiva de la Política Cristiana, fundamentada en los principios contenidos en la Palabra de Dios.

Por: Dennis P. Petri & Christy Quesada Segura

La separación entre la Iglesia y el Estado es uno de los fundamentos del Estado de Derecho, siendo uno de los pilares de los sistemas democráticos modernos. La separación entre Iglesia y Estado supone que la Iglesia como institución no dispone de ningún poder normativo o de coerción sobre las instituciones del gobierno y que el gobierno, recíprocamente, no tenga ningún poder de mando sobre las organizaciones eclesiásticas. En particular, no ha de intervenir en la designación de los ministros cristianos: obispos, sacerdotes, pastores, etc.

De igual importancia y como extensión de ella, la separación Iglesia/Estado se materializa en otro principio esencial de nuestros sistemas democráticos modernos: la libertad de culto. Cualquier confesión, que no esté en oposición a la Constitución, ha de tener la libertad de expresarse y desarrollarse, pues es una expresión del pluralismo democrático y de la libertad de conciencia.

Lo anterior no supone que la Iglesia y las iglesias no tengan derecho de expresarse sobre la realidad nacional y de compartir sus observaciones, recomendaciones y críticas al Estado. Al contrario, para la calidad de la democracia, es sano que haya una expresión libre de todas las voces existentes en la sociedad, incluyendo de las organizaciones religiosas.

Cabe señalar aquí también que el ámbito de intervención de la Iglesia y del Estado, ambas instituciones puestas por Dios, son claramente distintos e inconfundibles. La Iglesia tiene una vocación espiritual, mientras que el Estado tiene una vocación de administración de la sociedad, para su desarrollo armónico, desde la expresión de preferencias y la decisión de las mayorías.

La Iglesia, entendida como cuerpo de Cristo y no como institución, tiene además el llamado a ser Profeta. ¡Tiene el deber de fiscalizar la labor de los políticos! La fiscalización como pueblo cristiano supone la realización de estudios, la investigación y la recolección de datos objetivos (estadísticas), redescubriendo la función del Profeta que es el señalador de los errores de la política. Lo más preocupante es que muchas veces la Iglesia ha dejado de jugar ese papel de Profeta.

La separación Iglesia/Estado tampoco supone la separación de la fe y de la política. Ello es uno de los puntos de partida esenciales de los promotores de la Política Cristiana. Cualquier opinión política se fundamenta, implícita o explícitamente, en un sistema de creencias, que para el social-demócrata es el humanismo y el socialismo, para el liberal el liberalismo y para el político-cristiano el cristianismo. La Política Cristiana no pretende hacer otra cosa que fundamentar la política en un sistema de valores determinado, en este caso el sistema de valores bíblico o cristiano. La Política no es nada más que la expresión de preferencias sobre asuntos públicos, y la política cristiana como la expresión de las preferencias de los cristianos sobre estos asuntos, entre otras preferencias posibles, pero en nuestro caso, inspirados por la Sabiduría de Dios y fundamentados en la Palabra del Creador del Universo.

En lugar de preocuparse por el Estado laico, nuestro llamado es que la Iglesia asuma otra vez ese rol de Profeta, de denuncia y de testimonio. No nos dejemos callar por el argumento de la separación de la iglesia y del estado, pues no tenemos que aceptar que nos impongan la separación de la fe y de la política. Es absolutamente legítimo fundamentar nuestras posiciones políticas en nuestra fe cristiana, pues sabemos Cristo que es la fuente de la Vida y que su soberanía resplandece en todas las instituciones de la sociedad, desde la iglesia hasta el gobierno.

Misión: Somos misioneros políticos, el punto de encuentro para la red de actores políticos cristianos en América Latina. Asesoramos y brindamos servicios a sus miembros a través de capacitaciones, investigaciones, incidencia política o cualquier otra iniciativa. Representamos la Nueva Política Cristiana.

Visión: Ser la referencia para la expansión y el posicionamiento estratégico de la Política Cristiana en América Latina, donde los actores políticos cristianos (católicos, protestantes y todos los seguidores de Jesús) constituyan una red regional de apoyo, promoviendo una visión cristiana en la política y en las políticas públicas. 

Dennis P. Petri (Director): 8992 0901
Christy Quesada Segura (Asesora de Comunicación): 8328 3766
info@plataforma-c.org
www.plataforma-c.org

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