Ga direct naar


Los fundamentos morales y éticos del gobierno

Wednesday 05 October 2011 16:00 Alguna vez se ha puesto a pensar: ¿Por qué quiere la gente acceder a todo costo a puestos de autoridad? ¿Por qué la gente tiene aspiraciones tan vanas y ambiciones tan absurdas como: romper records, ser famoso, ser admirado, tener poder? ¿Por qué persiste la gente en negar – en palabras y en hechos – que Cristo es el Señor de la Creación y que no hay nadie ni nada por encima de Él?

Por: Dennis P. Petri & Christy Quesada

El Salmo 2 nos da algunas respuestas a estas preguntas. En su primer versículo hace exactamente esa pregunta: “¿Por qué se amotinan las gentes y los pueblos piensan cosas vanas?” Pareciera como si Dios se lo estuviera preguntando a sí mismo. En el siguiente versículo el salmista afirma que “se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes conspirarán contra Jehová y contra su ungido.”

Así fue cuando el Sanedrín, el Rey Herodes y el gobernador Pilato conspiraron para matar al Hijo de Dios. Así también es cuando nuestros gobernantes, legisladores y jueces toman decisiones que desconocen explícita o implícitamente la Autoridad de Jesús, como lo señalan los versículos 6 y 7 de este salmo: Dios puso a Jesús como Rey y decretó que Él es su Hijo.

Pero ¿por qué entonces se amotinan [= rebelan] las gentes? y ¿por qué se levantan contra Jehová y contra los que le siguen? Porque vivimos en un mundo afectado por el pecado, y sabemos que el máximo pecado es la rebelión contra la Autoridad de Dios. Por eso la gente, en su rebeldía y soberbia, aspira a cosas vanas y rechaza Su Autoridad. La Palabra de Dios lo dice muy claramente: Jehová y todos los suyos serán perseguidos y maltratados, porque hay personas tan rebeldes que sencillamente no soportan que haya Alguien mayor que ellos.

Esta realidad es contradicha por humanistas, socialistas, liberales, ateos, ecologistas, etc. – todos aquellos que no fundamentan su posicionamiento filosófico en el único fundamento inquebrantable que es la Palabra de Dios. Pretenden negarlo pero no pueden y en el juicio final tendrán que arrodillarse delante de Él.

Ahora bien, nosotros – los cristianos que hemos recibido esta revelación – tenemos la gracia de entender algo del sentido de la historia y algo de los comportamientos de las personas. De hecho, debería ser de mucha consolación saber que Dios tiene conocimiento de las rebeliones de la gente y entiende por qué en ocasiones se está levantando contra su pueblo.

Cuando el salmista dice “Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra.” (v. 7-8), Dios le está hablando a Jesús, el Cristo y el dueño de toda soberanía. La Autoridad le pertenece sólo a Dios, quien lo delegó a su Hijo. Esta declaración gloriosa – decreto divino – resuena como una expresión del Poder infinito del Dios Todopoderoso sobre la Creación y como testimonio permanente para todo lo que está contenido en ella.

Pero este versículo también aplica a todos sus hijos, que son coherederos del Reino. Cuando Dios nos dice “mi hijo eres tú”, nos está diciendo que con Jesús – bajo la autoridad de Él – los cristianos reinaremos sobre las naciones y gobernaremos sobre la tierra. Todos somos servidores, ujieres, funcionarios y empleados en el Reino presente y venidero de Dios.

Si bien esta revelación nos da mucha paz, también es una enorme responsabilidad de todos aquellos que la hemos recibido – la Iglesia, el pueblo de Cristo –, porque entre más aumenta el conocimiento, más aumenta la responsabilidad.

Efectivamente, aquellos que lo niegan conocerán las consecuencias: el Creador se ríe y se burla de ellos (v. 4) y “Luego les hablará en su furor, y los turbará con su ira.” (v. 5). Tarde o temprano – la Palabra de Dios no falla –, llegará el castigo a los que no le temen. En su infinita misericordia y gracia, Dios perdona nuestros errores pero también hace justicia. El salmo 2 está muy claro que los que no reconocen su Autoridad serán “quebrantados” y “desmenuzados” (v. 9).

El Salmo cierra con una recomendación a los reyes, es decir a los gobernantes de este tiempo: “Ahora, pues, reyes, sed prudentes; admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje y perezcáis en el camino, pues se inflama de pronto su ira.” (v. 10-12). El servicio y la humildad son los fundamentos éticos y morales que necesita una nación para ser gobernada según el orden de Dios.

Misión: Somos misioneros políticos, el punto de encuentro para la red de actores políticos cristianos en América Latina. Asesoramos y brindamos servicios a sus miembros a través de capacitaciones, investigaciones, incidencia política o cualquier otra iniciativa. Representamos la Nueva Política Cristiana.

Visión: Ser la referencia para la expansión y el posicionamiento estratégico de la Política Cristiana en América Latina, donde los actores políticos cristianos (católicos, protestantes y todos los seguidores de Jesús) constituyan una red regional de apoyo, promoviendo una visión cristiana en la política y en las políticas públicas.

Dennis P. Petri (Director): 8992 0901
Christy Quesada Segura (Asesora de Comunicación): 8328 3766
info@plataforma-c.org
www.plataforma-c.org

«Back

Reactions on "Los fundamentos morales y éticos del gobierno"

No posts found.

Archive > 2012 > May

No items found



topbanner